"No te enojes cuando Dios se apiada de los pecadores"

El libro de Jonás llega a su última gran escena en Jonás 4:1-11. Todo parecía haber terminado bien: el profeta proclamó la palabra de Dios, Nínive respondió en arrepentimiento y Dios fue movido a misericordia. Lo esperado sería ver a Jonás sonriente, caminando de regreso a Israel con el corazón lleno de gratitud. Pero no. Jonás estaba enojado. Muy enojado. Y este último capítulo revela la gran enseñanza del libro: cómo reacciona el corazón humano cuando Dios tiene misericordia de aquellos que consideramos indignos.

En la película Taken, un padre con habilidades letales persigue por las calles de París a los secuestradores de su hija, cumpliendo su promesa de darles su merecido. Como espectadores, celebramos cada golpe porque esos criminales lo merecen. Pero ¿qué pasaría si al llegar con ellos, se arrepienten y el padre los perdona? ¿Dónde queda la justicia? Esa incomodidad es exactamente lo que Jonás sintió cuando Dios detuvo su juicio sobre la gran ciudad malvada de Nínive.

Dios se ha apiadado de tiJonás 4:1-4

Cuando Dios mostró misericordia a los ninivitas, las buenas noticias de que Dios salva pecadores se convirtieron en malas noticias para Jonás. El profeta que había experimentado la gracia de Dios al ser rescatado del fondo del mar —que había compuesto un salmo de acción de gracias declarando "La salvación es del Señor" (Jonás 2:9)— ahora eleva una oración muy distinta. Ya no busca salvación; ahora reclama: "¡Ah, Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis."

Jonás confiesa que huyó porque ya conocía el carácter de Dios. Cita Éxodo 34:6, un pasaje central en las Escrituras donde Dios se revela a Moisés como "compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad" (Éxodo 34:6). Sin embargo, Jonás se queda corto: omite el verso 7, que declara que Dios "no tendrá por inocente al culpable". Pareciera que Jonás entendía a Dios como misericordioso, pero no como justo. Y es comprensible: Jonás vivió antes de la cruz, donde la misericordia y la justicia de Dios se manifestaron por completo. En la cruz, Dios tomó al inocente —su Hijo Jesús— por culpable, para que los culpables fuéramos contados como inocentes. Dios es justo y misericordioso únicamente por la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.

Pero Jonás no quería la misericordia de Dios para Nínive. Quería su destrucción. En el fondo, Jonás quería que Dios no fuera Dios: que no fuera soberano, que no mostrara misericordia a quien Él quisiera. Se molesta cuando Dios hace lo que Dios quiere y desea hacer. Su enojo fue tan profundo que deseó morir. El profeta perdió su esperanza de vivir porque algo que valoraba más que a Dios le fue arrebatado.

Tim Keller lo describe así en El profeta pródigo: "Jonás ha perdido algo que había reemplazado a Dios como la principal alegría, razón y amor de su vida. Tenía una relación con Dios, pero había algo que valoraba más. Cuando dices: 'No te serviré, Dios, si no me das X', entonces X es tu verdadero objetivo, tu amor más grande, tu verdadero Dios."

Una pregunta penetrante surge de este texto: ¿qué se necesita que te quiten para que pierdas la esperanza y las ganas de vivir? La respuesta revela los ídolos del corazón. Tu matrimonio, tus hijos, tu trabajo, tu posición social, tu cuenta bancaria, tu ministerio, tu reconocimiento. O quizá es algo que todavía no tienes, pero si supieras que nunca lo vas a tener, te desmoronarías. "Sirvo al Señor para que me dé X, pero si no me da eso, buscaré a otro señor que me lo dé." La fuente de la esperanza de la vida debe ser Cristo y solo Cristo. Porque si lo tienes a Él, nunca podrás perderlo. Si Él es tu fundamento, lo será por la eternidad.

Dios responde a Jonás con una pregunta: "¿Tienes acaso razón para enojarte?" Una pregunta que el autor del libro desea que no solo Jonás responda, sino también cada lector.

Antes de juzgar a Jonás, vale la pena una reflexión honesta. ¿No es nuestro corazón igual al suyo? ¿Te alegrarías si la persona que te ha herido profundamente es salvada? ¿Oras por quienes te han traicionado? ¿Deseas el favor de Dios para quien te defraudó? Si en el corazón hay odio hacia alguien, la invitación es llevar ese sentimiento en arrepentimiento delante de Dios y levantar la mirada a Jesús, el único perfecto que en su crucifixión extendió estas palabras ante sus ejecutores: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" ().

Dios se ha apiadado de cada creyente. Por esa razón, es posible orar incluso por aquellos que parecen no merecer su misericordia. "¡Oh profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!" (). Dios es soberano, nadie es más sabio que Él, y su voluntad es buena para con su pueblo.

Las personas son más valiosas que las cosasJonás 4:5-11

Jonás sale de la ciudad y se sienta al oriente, como en primera fila, esperando que quizá Dios cambie de parecer y destruya a Nínive. Entonces Dios despliega una estrategia que involucra cuatro elementos de su creación: una planta, un gusano, un viento y el sol. El mismo Dios que dispuso un gran pez ahora dispone un pequeño gusano. A Dios no se le atora nada.

Primero, Dios hace crecer una planta que da sombra a Jonás y lo libra de su incomodidad. El profeta pasa de estar enojado en gran manera a alegrarse grandemente: su lugar de observación se convirtió en un palco VIP. Pero Dios tenía un plan con esa planta. Al día siguiente, dispuso un gusano que la secó. Después vino un sofocante viento del este y un sol abrasador. Y Jonás, predeciblemente, vuelve a enojarse y a desear la muerte.

Dios le hace la misma pregunta por segunda vez: "¿Tienes acaso razón para enojarte por causa de la planta?" Y Jonás responde con terquedad: "Tengo mucha razón para enojarme hasta la muerte."

La incongruencia es evidente. Jonás está consternado por una planta —algo que no sembró, no hizo crecer, que nació en una noche y en una noche pereció— mientras Dios ha estado consternado por 120 mil personas. Jonás desea piedad por algo temporal e insignificante, mientras rechaza la piedad de Dios por seres humanos creados a su imagen.

Matthew Henry lo pone con claridad: "El afecto desmesurado hacia las cosas sienta las bases para la aflicción desmesurada. Cuando lo tenemos, tendemos a lamentarlo demasiado cuando lo perdemos." La aflicción desmesurada revela un afecto desmesurado. Cuando los afectos están puestos en cosas —en "plantas"— la mirada deja de estar en aquellos por quienes Dios desea derramar su piedad. Dejamos de valorar lo que Dios valora: las personas.

Dios cierra el libro con una pregunta que queda abierta: "¿Y no he de apiadarme yo de Nínive, la gran ciudad en la que hay más de 120 mil personas que no saben distinguir entre su derecha y su izquierda, y también muchos animales?" El texto termina ahí, sin respuesta de Jonás, porque el autor desea que cada lector responda en su propio corazón.

Conclusión

Si Jonás se enojó porque Dios se apiadó de los pecadores, hay uno mejor que Jonás. Jesús también salió de la ciudad, pero no para ver la destrucción de Nínive, sino para sufrir en carne propia la destrucción que los pecadores merecían. Según , Jesús se gozó al seguir la voluntad del Padre e ir a la cruz para salvar pecadores.

Hace algunos años, en Monterrey, una madre visitaba constantemente la cárcel y públicamente perdonó al asesino de su hija. Esa clase de perdón no nace de la fuerza humana, sino de haber entendido que la misericordia de Dios alcanzó primero a quien perdona. Eso no debería extrañar. Tampoco debería extrañar cuando un creyente pierde cosas materiales y no pierde la calma, porque sabe que hay cosas más importantes: la extensión del reino de Dios y la proclamación del evangelio para que los pecadores reciban su piedad.

¿Cómo reaccionamos cuando los criminales de la película son perdonados en vez de castigados? ¿Cómo reaccionamos cuando pecadores responden a la obra de Jesús en fe y arrepentimiento? La invitación al final de Jonás no es simplemente "no te enojes", sino algo mejor: gózate cuando Dios se apiada de los pecadores. Gózate porque Dios se ha apiadado de ti. Gózate porque las personas creadas a la imagen de Dios son sumamente más valiosas que cualquier cosa.

Transcripción completa

Te lo pido en el nombre de Jesús.

50:07

Amén.

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Rejoice When God Shows Mercy

"Do not be angry when God shows mercy to sinners"

The book of Jonah reaches its final great scene in . Everything seemed to have ended well: the prophet proclaimed God's word, Nineveh responded in repentance, and God was moved to mercy. You would expect to see Jonah smiling, walking back to Israel with a heart full of gratitude. But no. Jonah was angry. Very angry. And this last chapter reveals the book's great lesson: how the human heart reacts when God has mercy on those we consider unworthy.

In the movie Taken, a father with lethal skills chases his daughter's kidnappers through the streets of Paris, fulfilling his promise to give them what they deserve. As viewers, we celebrate every blow because those criminals deserve it. But what would happen if, upon reaching them, they repented and the father forgave them? Where would justice be? That discomfort is exactly what Jonah felt when God withheld his judgment on the great, wicked city of Nineveh.

God Has Had Mercy on You

When God showed mercy to the Ninevites, the good news that God saves sinners became bad news for Jonah. The prophet who had experienced God's grace when rescued from the bottom of the sea — who had composed a psalm of thanksgiving declaring "Salvation belongs to the Lord" () — now raises a very different prayer. He no longer seeks salvation; now he complains: "O Lord! Is this not what I said when I was still in my own country? That is why I fled to Tarshish beforehand."

Jonah confesses that he fled because he already knew God's character. He quotes , a central passage in Scripture where God reveals himself to Moses as "compassionate and gracious, slow to anger, and abounding in lovingkindness and truth" (). However, Jonah falls short: he omits verse 7, which declares that God "will by no means leave the guilty unpunished." It seems that Jonah understood God as merciful, but not as just. And that is understandable: Jonah lived before the cross, where God's mercy and justice were fully displayed. On the cross, God took the innocent one — his Son Jesus — as guilty, so that the guilty might be counted as innocent. God is just and merciful solely because of the life, death, and resurrection of Jesus Christ.

But Jonah did not want God's mercy for Nineveh. He wanted its destruction. Deep down, Jonah wanted God not to be God: not to be sovereign, not to show mercy to whomever he pleased. He becomes upset when God does what God wants and desires to do. His anger was so deep that he wished to die. The prophet lost his will to live because something he valued more than God had been taken from him.

Tim Keller describes it this way in The Prodigal Prophet: "Jonah has lost something that had replaced God as the main joy, reason, and love of his life. He had a relationship with God, but there was something he valued more. When you say, 'I won't serve you, God, unless you give me X,' then X is your real goal, your greatest love, your true God."

A piercing question arises from this text: what would need to be taken from you for you to lose hope and the will to live? The answer reveals the idols of the heart. Your marriage, your children, your job, your social status, your bank account, your ministry, your recognition. Or perhaps it is something you do not yet have, but if you knew you would never have it, you would fall apart. "I serve the Lord so he will give me X, but if he doesn't give me that, I will look for another lord who will." The source of life's hope must be Christ and Christ alone. Because if you have him, you can never lose him. If he is your foundation, he will be so for eternity.

God responds to Jonah with a question: "Do you have good reason to be angry?" A question the author of the book wants not only Jonah to answer, but every reader as well.

Before judging Jonah, an honest reflection is worthwhile. Is our heart not just like his? Would you rejoice if the person who deeply hurt you were saved? Do you pray for those who have betrayed you? Do you desire God's favor for the one who defrauded you? If there is hatred in your heart toward someone, the invitation is to bring that feeling in repentance before God and lift your eyes to Jesus — the only perfect one who, at his crucifixion, extended these words to his executioners: "Father, forgive them, for they do not know what they are doing" ().

God has had mercy on every believer. For that reason, it is possible to pray even for those who seem undeserving of his mercy. "Oh, the depth of the riches and wisdom and knowledge of God! How unsearchable are his judgments and unfathomable his ways!" (). God is sovereign, no one is wiser than he, and his will is good for his people.

People Are More Valuable Than Things

Jonah leaves the city and sits to the east, as if in the front row, waiting to see if perhaps God would change his mind and destroy Nineveh. Then God deploys a strategy involving four elements of his creation: a plant, a worm, a wind, and the sun. The same God who appointed a great fish now appoints a tiny worm. Nothing is too small or too great for God.

First, God causes a plant to grow that provides shade for Jonah and relieves his discomfort. The prophet goes from being extremely angry to being extremely glad — his observation spot had become a VIP box. But God had a plan for that plant. The next day, he appointed a worm that withered it. Then came a scorching east wind and a blazing sun. And Jonah, predictably, becomes angry again and wishes to die.

God asks him the same question a second time: "Do you have good reason to be angry about the plant?" And Jonah responds stubbornly: "I have good reason to be angry, even to death."

The incongruity is evident. Jonah is distraught over a plant — something he did not plant, did not grow, that appeared in one night and perished in one night — while God has been concerned for 120,000 people. Jonah desires pity for something temporary and insignificant, while rejecting God's pity for human beings made in his image.

Matthew Henry puts it clearly: "Inordinate affection for things lays the foundation for inordinate grief. When we have them, we tend to grieve too much when we lose them." Inordinate grief reveals inordinate affection. When our affections are set on things — on "plants" — our gaze turns away from those upon whom God desires to pour out his compassion. We stop valuing what God values: people.

God closes the book with an open-ended question: "Should I not have compassion on Nineveh, the great city in which there are more than 120,000 persons who do not know the difference between their right and left hand, and also many animals?" The text ends there, with no answer from Jonah, because the author wants every reader to answer in their own heart.

Conclusion

If Jonah was angry because God showed mercy to sinners, there is one greater than Jonah. Jesus also went outside the city, but not to watch the destruction of Nineveh — rather, to suffer in his own flesh the destruction that sinners deserved. According to , Jesus found joy in following the Father's will and going to the cross to save sinners.

Some years ago, in Monterrey, a mother constantly visited the prison and publicly forgave her daughter's murderer. That kind of forgiveness does not come from human strength, but from having understood that God's mercy first reached the one who forgives. That should not surprise us. Nor should it surprise us when a believer loses material things and does not lose composure, because they know there are more important things: the extension of God's kingdom and the proclamation of the gospel so that sinners may receive his mercy.

How do we react when the criminals in the movie are forgiven instead of punished? How do we react when sinners respond to the work of Jesus in faith and repentance? The invitation at the end of Jonah is not simply "don't be angry," but something better: rejoice when God shows mercy to sinners. Rejoice because God has had mercy on you. Rejoice because people made in the image of God are immeasurably more valuable than any thing.